Sonora tiene más agua, pero ¿con qué vamos a sembrar?
Sonora inicia el ciclo agrícola otoño-invierno 2026/27 con 252 millones de metros cúbicos adicionales de agua en sus principales presas respecto al año anterior. Sin embargo, los costos de producción del trigo aumentaron 5.6% y la intención de siembra registra una caída de 34.7%.
La recuperación hídrica ofrece una oportunidad, pero el verdadero desafío está en el financiamiento, la rentabilidad y las condiciones del mercado. Porque tener agua para sembrar no significa necesariamente tener dinero para producir.
Sonora comienza el ciclo agrícola otoño-invierno 2026/27 con una noticia que hace un año parecía difícil de imaginar; tenemos más agua. Al 21 de octubre, las principales presas del estado almacenan +252 millones de metros cúbicos adicionales respecto al año anterior. Después de la prolongada sequía de 2023 a 2025, es una recuperación que merece reconocerse, aunque tampoco podemos salir a celebrar como si los embalses estuvieran rebosando.

Pero hay algo que he aprendido durante estos años analizando el sector agropecuario:
|“tener agua para sembrar no significa necesariamente tener dinero para producir”
Volver a sembrar también implica hacer cuentas. Los costos totales de referencia de FIRA para el trigo en Sonora pasan de $34,169 a $36,085 por hectárea, un incremento de 5.6% respecto al ciclo anterior. Al mismo tiempo, el rendimiento probable baja de 6.90 a 6.67 toneladas por hectárea. Hay una posibilidad de ganancia, sí, pero depende de alcanzar el rendimiento y conseguir el precio previsto; no es dinero que el productor tenga asegurado.

Hasta aquí, el escenario de referencia ofrece un margen positivo. No hay que olvidar que durante agosto los futuros internacionales del trigo alcanzaron niveles cercanos a los 280 dólares por tonelada (contrato diciembre de 2027). Esa referencia pudo alimentar mejores expectativas, pero el productor no puede hacer sus cuentas suponiendo que un precio observado meses atrás estará disponible cuando llegue el momento de vender.
El problema, entonces, no es solamente que los números puedan ofrecer una utilidad sobre el papel. También hay que financiar la siembra y llegar a la cosecha con condiciones de comercialización que permitan sostener ese margen.
Podemos tener mejores perspectivas hídricas, expectativas de precio favorables y hasta ganas de sembrar, pero si el productor arrastra compromisos financieros de ciclos anteriores, difícilmente encontrará en una gráfica de almacenamiento el respaldo que le solicita el banco.
| Sobre rentabilidad “Ánimos puede haber; lo que no siempre existe es solvencia.”
EL CLIMA TAMBIÉN ENTRA EN LA ECUACIÓN
A esta ecuación debemos agregarle un invitado que cada año se vuelve más incómodo: el clima.
Durante décadas, la agricultura sonorense desarrolló una enorme capacidad de adaptación a las condiciones del desierto. Sin embargo, los últimos ciclos nos han recordado que las referencias históricas no son una garantía. Sequías prolongadas, temperaturas extremas, cambios en los patrones de precipitación y alteraciones en las horas frío obligan a replantear nuestras expectativas productivas.
| Reflexión sobre el clima: “no podemos atribuir cualquier fenómeno meteorológico al cambio climático, pero tampoco seguir planeando como si las condiciones del pasado fueran a repetirse puntualmente”
Durante décadas, la agricultura sonorense desarrolló una enorme capacidad de adaptación a las condiciones del desierto. Sin embargo, los últimos ciclos nos han recordado que las referencias históricas no son una garantía. Sequías prolongadas, temperaturas extremas, cambios en los patrones de precipitación y alteraciones en las horas frío obligan a replantear nuestras expectativas productivas.
El clima no conoce los calendarios agrícolas, no participa en las mesas de planeación y mucho menos respeta las proyecciones financieras. Si algo nos ha demostrado es que puede cambiar el escenario sin pedirnos permiso. Y para acabarla, cuando parece que el agua empieza a darnos tregua, resulta que los mercados internacionales tienen sus propios problemas geopolíticos.
LAS DECISIONES QUE SIGUEN
Hay que reconocer también los esfuerzos de coordinación entre autoridades y productores. Las mesas de planeación y los foros de reconversión productiva promovidos por el Gobierno del Estado representan oportunidades para discutir financiamiento, diversificación, comercialización y eficiencia hídrica.
Pero el verdadero valor de estas mesas estará en convertir el diálogo en alternativas concretas.
Al 20 de octubre, la intención de siembra registra una reducción del 34.7% frente al periodo comparable del año anterior. Más que anticipar el resultado final del ciclo, este rezago pone sobre la mesa una pregunta: ¿qué está frenando la decisión de sembrar, aun con una mejor disponibilidad de agua?

Este arranque más lento en los registros de permisos de siembra es una señal que merece atención, porque el productor no siembra por romanticismo, aunque le tenga mucho cariño a su tierra. Siembra para producir, recuperar su inversión y, si los números se lo permiten, obtener una utilidad. Tampoco podemos pedirle que enfrente la volatilidad internacional únicamente con optimismo y una buena aplicación del pronóstico del tiempo.
| Desde mi perspectiva: “El desafío de Sonora no consiste en sembrar por sembrar, sino en fortalecer, con acompañamiento del gobierno, banca e industria, todas las condiciones económicas que permitan sostener la producción”
El agua nos está dando una oportunidad. Ahora falta que el financiamiento, los mercados y las decisiones productivas puedan acompañarla. Porque de poco sirve que las presas comiencen a recuperarse si las cuentas del productor siguen en números rojos.
Fuentes
CONAGUA, FIRA, CME Group, Investing y AgroData Noroeste
Las interpretaciones son del autor y no representan la posición de ninguna institución.